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Nishmata (alma en arameo) tiene 5 niveles (naranjay). Las siglas NaRaNJaY provienen de los nombres asignados para los cinco niveles de conciencia del alma según la Cabala y el Jasidismo:

Nefesh/Fuerza vital Ruaj/Espíritu Neshamá /Aliento [de vida] Jaiá/Viviente-Yejida/Unidad

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Sirivendo a Di-s

B”H
Divrei Torah
Leiluy Nishmat: Feiguel Bat Peise
En Honor a mi abuela, Flora Dybner
Sirviendo a Di-s

Si estás sediento, espiritualmente, ve al agua. El agua es la Torá..

¿Qué quiere decir Servir a Di-s? ¿Qué clase de servicio puede Di-s necesitar de mí? ¿Cómo sirvo a Di-s? ¿De qué forma es que Lo estoy sirviendo mediante el cumplimiento de las Mitzvot (preceptos), rezando, haciendo una buena acción, ayudando a otro ser humano?
Venimos de una situación donde pensamos que nosotros somos seres independientes, y para repercutir e influenciar con nuestra presencia en el Mundo tenemos que salir hacia afuera, ser creativos, dejar una marca, impactar haciendo lo que sea, de lo contrario estamos solamente cumpliendo con nosotros mismos, y no tiene sentido el haber existido. Sin embargo, la Torá nos explica la verdadera razón de nuestra existencia.
Cuenta el relato, que cuando Hashem creó a Adam, el primer hombre, lo hizo de una manera muy diferente a la de las otras creaciones. Estas fueron creadas cuerpo y vitalidad, materia y alma, ambas simultáneamente, juntas, en una sola entidad. Tanto la vida del animal como la del árbol, aunque entre ambas se hallan diferencias notables, tienen una similitud, ya que la vida del árbol consiste en crecer, alimentándose de comida de la tierra y los rayos del sol, sin tener una vida independiente a la necesidad del cuerpo, y con el animal sucede lo mismo, aunque su vida consiste en algo más que en crecer, pues también puede moverse de aquí para allá, siendo una categoría más alta que la del reino vegetal, no obstante, su vida consiste en buscar su sustento físico, y su única motivación es la necesidad de su cuerpo. Por eso, cuerpo y vitalidad fueron creados al mismo tiempo, como una sola creación.
Por el contrario, Adam, el Hombre, fue creado de una manera muy distinta: primero su cuerpo fue formado, luego la Torá dice: “Hashem sopló en sus fosas nasales aliento de vida”. Se puede ampliar mucho más este concepto, pero lo principal es que la Neshamá (alma) de Adam, la vida y el cuerpo son creaciones separadas, el cuerpo es un recipiente, un vehículo que contiene la Neshamá, y la Neshamá no sólo mantiene al cuerpo, también tiene una voluntad independiente al cuerpo, y la dificultad de su tarea, es que tiene que dirigir a la persona en sus necesidades físicas, pero esto último no es lo que define a la Neshamá, como es en el caso de los animales, y demás creaciones.
Existe un fenómeno material que demuestra este concepto en el ser humano. Cuando los animales se mueven, caminan, andan, sus cuerpos se mantienen por simetría, la mayoría anda en cuatro patas, y es un formato lógico que permite el balance. El ser humano camina erecto, con sus dos piernas, físicamente innatural, porque no hay balance, y un cuerpo en dos piernas se cae, a menos que tenga una estructura capaz de sostenerlo. ¿Qué es lo que mantiene un cuerpo físico firmemente parado? Claramente vemos que el cuerpo necesita de algo que lo sostenga, y esto es el alma, ya que al ser humano lo lleva el alma, y no su cuerpo.
Hay una ley judía sobre Shabat, que nos enseña este principio. Como se sabe, en Shabat existe una prohibición de cargar cualquier cosa, incluso un alfiler, en un dominio público. Pero a un ser humano, se lo puede cargar, porque él se sostiene a sí mismo. Aunque actualmente no seguimos esta ley, debido a prohibiciones rabínicas, se entiende de la ley que un ser humano no es considerado una carga, ya que su cuerpo tiene una vida que lo carga, lo que no es así con el resto de cosas que están prohibidas cargar. El alma que carga al cuerpo, no está limitada en servirlo, lo que no es así con las demás criaturas. Por lo tanto, esto significa que el alma tiene un propósito por el cual estar en el Mundo dentro de un cuerpo que no depende del cuerpo, solo que tiene que estar en un cuerpo porque de otra manera no podría estar en este Mundo, pero su venir al Mundo es una misión independiente a las necesidades continuas que exige el cuerpo.
Volviendo al tema original, ¿qué significa servir a Di-s? Cuando nos observamos, notamos desde una perspectiva mundana, que no reconocemos el alma que está en nosotros (aunque es bastante perceptible como ya vimos de los ejemplos anteriores), y no siempre identificamos la vitalidad que tenemos dentro, y entonces decimos: “nuestro cuerpo es como el de cualquier animal, así como el caballo es provechoso ya que con sus piernas puede jalar de un vagón, así también el ser humano está aquí solamente para jalar lo que sea que pueda con su cuerpo, y esa es su misión en este Mundo”. ¿Cuál es la misión? Al parecer, ocupar un rol, ganar reconocimiento, es por lo que esencialmente hay que luchar para tener un lugar en este Mundo. Pero la Torá nos enseña algo diferente, y dice que el alma que tenemos es el aliento Divino, es la vida real, una fuerza llena de sentido, una fuerza viviente que no necesita de ser justificada para demostrar su existencia, y es la que hace que el ser humano sea representante de Di-s en el Mundo, y la que cambia toda la perspectiva de lo que significa nuestra existencia en el Mundo.
Cuando se trata de hacer cosas, como sentarse a trabajar, o estudiar, etc., muchas veces nos sentimos desmotivados para hacerlo, no nos sentimos realizados, y eso se debe a que estamos viendo nuestras actividades como una actividad exclusivamente física. Si estudio o trabajo en algo que me permita ser creativo en el Mundo, ahí siento que estuve haciendo algo, pero si me pongo a estudiar sobre la presencia y la verdad de Hashem en el Mundo, ¿cuál es el la realización en esto? Y si no veo mi realización en el Mundo, siento que no estoy haciendo nada, y no consigo nada. Y si nos sentimos así, es un problema serio, y por eso hace falta reconocer y entender qué es lo que realmente estamos haciendo, y qué es lo que nos ha de motivar en todas nuestras actividades diarias.
En el Talmud (Torá Oral) se esneña que todos los judíos son príncipes por naturaleza, y eso conlleva un profundo mensaje. ¿Cuál es la naturaleza de un príncipe? Naturalmente a un príncipe no le falta nada, todo lo que quiera lo tiene, y si no lo tiene en estos instantes, podría tenerlo con solo murmurarlo (si quiere un trago de Whisky, aparecería en su boca con sólo mencionarlo), ninguna carencia lo motiva a realizar sus actividades, no conoce el hecho de necesitar sobrevivir, por lo que un príncipe, teniendo sus facultades como cualquier ser humano, vive y hace cosas, pero no porque necesita sobrevivir y existir. ¿Qué es lo que motiva al príncipe? La visión de un cierto valor, el reconocer un sentido bueno en alguna cosa, y ya que el príncipe por naturaleza vive en los dominios del rey, sin buscar un beneficio o llenar alguna falta, el príncipe está constantemente expuesto a una sola cosa, la grandeza del reinado y del rey. El príncipe es consciente de la magnificencia del rey, y debido a que el país, el pueblo, y todo es representación del reinado del rey, su misión es que cada cosa que está en los dominios del rey sea embellecido y revele la grandeza del rey: esa es su ocupación.
Así como con un príncipe de carne y hueso que su única motivación es revelar la grandeza del rey, el alma es el príncipe, pues no tiene carencias, y su única motivación es mostrar y revelar esta perfección que está en el alma, enseñar la grandeza, bondad y pureza del alma. Por eso, cuando uno se sienta a realizar alguna actividad, debido a que no sabe tanto como debería o podría saber, o no hace tanto como debería o podría hacer, entonces la persona siente que no está en su lugar del Mundo, pues para sentirse pleno debe haber una motivación, y esa motivación de momento viene de la parte carente, del cuerpo, por lo que siente que tiene que luchar por obtener un lugar y sentido en la vida, por obtener respeto, honor, etc. y al ser eso tan difícil, quizás es mejor dormir; en otras palabras, la motivación que nos mueve viene del lado negativo, y mientras más negativo, menos la persona quiere hacer lo que corresponde, y más desalentada se siente. Lo que hace falta es encontrar la motivación del alma, la que nos hace sentarnos a realizar cualquier actividad porque igual ya tenemos un alma, ya estamos espiritualmente vivos, y solo hace falta revelarlo dentro de nuestras mentes, nuestros corazones, y todos los órganos de nuestro cuerpo, y esto ha de ser el ímpetu de nuestras tareas, porque por naturaleza somos príncipes. Intenten ir a los príncipes a decirles que hagan esto o lo otro porque si no van a sufrir las consecuencias (tanto buenas como malas), se reirán de ustedes, porque ellos se consideran perfectos y no pueden aceptar este mecanismo. Esta es la verdadera realidad en nosotros, se llama: Alma Divina, la que hace que al levantarnos por la mañana reconozcamos que despertarse significa que nuestra alma fue retornada al cuerpo, ya que de lo contrario, ¿qué razón damos al despertarnos? Es verdad que tenemos nuestra parte mundana, la parte animal que nos hace preocuparnos y nos disminuye la vitalidad de la confianza y el reconocimiento cristalino, pero es necesario tomar en cuenta, más allá de la lucha contra esta parte de nosotros, el Alma Divina, la parte príncipe que somos.
Así como en la ilustración del príncipe, el alma humana, cuando se está despertando por la mañana, es perfecta, nada le falta. Pero al minuto empieza a pensar en las obligaciones diarias, ¿de dónde provienen estos pensamientos?, no del Alma Divina, que es un príncipe perfecto, sino del lado oscuro, de lo físico, del país que todavía no fue embellecido para que represente la dignidad del rey. No se trata aquí de ceder y abandonar las labores diarias, hay que ocuparse de ellas, así como el príncipe debe salir al país a decorarlo con la grandeza del rey, pero al salir al Mundo la persona no debe olvidarse que en verdad ella es un príncipe sin ninguna carencia, y entonces su vitalidad lo mantendrá viva y optimista.
Desde esta perspectiva, lo único que tiene sentido es servir a Di-s, eso es realizarse, construirse, refinarse, estudiar la sabiduría Divina, hacer que el Alma Divina influencie sus actos, hacer que su cerebro (invistiendo su entendimiento en la Torá), y su corazón y cuerpo (invistiéndolos en el cumpliendo de las Mitzvot y la plegaria), entiendan y sientan la Divinidad de sus almas. Esto se llama servir a Di-s, traer a Hashem al Mundo a través de todo lo que hacemos, volviéndolo representante de nuestra alma, esto es servir a Di-s. No hay que hacer cosas para sentir realizaciones, logros, sentirnos creativos, esto es una experiencia independiente a las necesidades de nuestro cuerpo, como pasa con el príncipe. Y lo mejor de todo es que esta alma es indestructible, es la que carga a nuestro pueblo a través de las generaciones, a través de cualquier situación difícil, es la parte real en nosotros, es el Alma Divina.
Para ilustrar este último punto, cuando los judíos en Rusia encaraban la difícil tarea de enseñar a sus hijos el Alef Bet (el alfabeto hebreo), ellos podían aceptar el hecho de enseñar el alfabeto dentro de los confines de ¨detrás de los muros¨ (debido a la persecución), pero ¿de qué manera esta tarea iba a asegurar que sus hijos pasen a primer grado, luego a segundo, luego se vuelvan judíos íntegros y aprendan el valor de ser judío? Ninguna, no había posibilidad de que sobrevivieran para lograrlo, la realización y el éxito eran nulos. Entonces si enseñar el alfabeto hebreo no iba a convertirlos en rabinos, ni en maestros, ni en directores de Yeshiva, ¿cuál era el sentido por el cual sacrificaban sus vidas bajo tanta presión para enseñarles el Alef Bet a sus hijos? No es una cuestión de lograr objetivos a largo plazo, sino de vivir el momento presente en pleno, ya que haciendo eso, en ese momento, lograban que sus hijos experimentasen vivir como Judíos y los conectaban con sus Almas Divinas mediante el estudio de la Torá. Esa fuerza es indestructible y va más allá de guerras, de realizaciones, de evoluciones, y de logros.
Así, básicamente, es la manera con la que uno debe estructurar su rutina diaria, de acuerdo al Shuljan Aruj (Código de Leyes Judías), despertarse, recitar el “modé aní…” (reconocer que tu alma es retornada al cuerpo), que define quiénes somos, y nos da una perspectiva de lo que significa realmente el despertar, ¿desperté en un mundo físico, debido a que descansé o por cualquier otro fenómeno? ¡No! Desperté porque tengo un alma, que es el verdadero motivo que me hace salir de la cama, no porque descansé y ya no estoy cansado, ya que así como el alma nos carga al caminar (como vimos antes en el ejemplo del Shabat), la misma alma nos saca de la cama, y de acuerdo al orden diario de la ley judía, la primera cosa que se hace después de levantarse, es la plegaria matutina. A pesar de que uno no se encuentra en un ambiente de Yeshivá (de estudio de Torá tiempo completo), sino que trabaja en su negocio, estudia en la universidad, etc., la plegaria previa a realizar nuestra rutina diaria, establece en el alma la experiencia y visión, que subsecuentemente cuando uno sale a su rutina, es mantenida para que arrastre a su cuerpo al trabajo desde la perspectiva real, la del Alma Divina.
Algunas veces perdemos el sentido de lo que hacemos, pensamos en una medida de logro que buscamos conseguir y nos sentimos desalentados por la dificultad de alcanzarla. Debemos entender que la vida judía no es una vida que parte desde una etapa preparatoria donde primero aprendemos principios para graduarnos y entonces podemos comenzar a trabajar y ganar de eso, sino que cada día es un propósito en sí mismo, el periodo tanto de Yeshiva como de los pequeños instantes donde nos involucramos con la Torá y las Mitzvot no es medido por cuánto aprendemos o por cuánto sabemos o adquirimos, sino por la calidad del alma con la que nos conectamos en esos momentos. Podemos aprender, pero si no practicamos, lo aprendido se olvida, lo que no se olvida es la conexión con el alma, la que nos da vida y nos carga para siempre, eso es lo que nos prepara para la vida. Así como el “mode ani” nos saca de la cama, la preparación de la Yeshiva, y en otros casos, los momentos de plegaria, etc., nos hacen salir al mundo para trabajar erguidos, y no ser desalentados y caer, pues ahora estamos en la verdadera vida y tenemos un sentido de lo que es servir a Di-s, somos el príncipe que no le falta nada y es consciente de la grandeza del Rey, de igual manera nosotros judíos somos consientes de la grandeza de Di-s y queremos expresar esta grandeza, revelarla, momento a momento, lugar a lugar, en cada cosa que hacemos.
Con este enfoque, de cualquier manera en que se haya captado el concepto, vamos a poder atravesar cualquier circunstancia y motivarnos día y noche, incluso estando ahora en una situación donde solamente repetimos lo que aprendimos ayer, y olvidamos palabras, y nos sintamos como si no hemos realizado nada, la experiencia de aprender e intentarlo no se olvida, porque el alma no puede olvidar.
Espero que todos continúen auto-motivados y sean capaces de arrancar cualquier desaliento que les venga, y que recuerden que son príncipes, como el Rebe dice, que estamos para iluminar el mundo, y cada vez que se hacen pequeñas acciones, decir el ¨Shema Israel¨, etc…traemos otra luz.
En el Mundo físico, si repito la misma cosa, digo: “esto ya lo probé, quiero otra cosa”, pero en el ámbito espiritual, cada instante es nuevo: en la mañana no decimos al levantarnos, “¿otra vez desperté? ¡ya había despertado ayer!”, esto se debe a que la vida es nueva en cada momento. Y eso, es servir a Di-s: vivir con el alma.

Jizkiyahu Ravel
Transcripción y adaptación libre,
del Shiur del Rabino Abba Paltiel,
Sea Gate, NY.

Editado por Netzaj
www.netzaj.com

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